Simona, la mujer que teje salud y comunidad en La Guajira
Simona, la mujer que teje salud y comunidad en La Guajira
Entre hilos y saberes ancestrales, Simona teje redes de cuidado que acercan la salud a mujeres y familias wayuu en Uribia

En Villa del Rosario número 7, una comunidad rural del municipio colombiano de Uribia, las manos de Simona Pimienta rara vez descansan. A veces sostienen agujas e hilos de colores para tejer mochilas wayuu. Otras, acompañan a mujeres embarazadas que buscan consejo, orientación o simplemente alguien que las escuche.
A sus 73 años, Simona es partera, sabedora tradicional y lideresa comunitaria. También es madre cuidadora. Entre tejidos, conversaciones y encuentros con otras mujeres, lleva décadas compartiendo conocimientos ancestrales sobre la maternidad, el cuidado y la salud en una de las regiones más vulnerables de Colombia.
“Una mujer embarazada necesita que la escuchen”, explica con serenidad.
Su historia comenzó mucho antes de llegar a Villa del Rosario. Desde niña aprendió de las mujeres mayores de su comunidad los saberes relacionados con la gestación, el parto y el cuidado de las madres y los recién nacidos. Un conocimiento transmitido de generación en generación, a través de la observación, la experiencia y la palabra.
Cuando años después se instaló en esta comunidad de Uribia. No llegó con muchas pertenencias, pero sí con ese conocimiento. Al principio encontró cierta distancia. Con el tiempo, las mujeres comenzaron a acercarse para pedir consejo durante sus embarazos. Poco a poco, Simona se convirtió en una referencia para la comunidad.
CUIDAR DESDE LA CULTURA
Uribia, considerado el corazón de la cultura wayuu, afronta importantes desafíos sociales. El 97 % de su población es indígena, presenta elevados índices de pobreza multidimensional y recibe grandes flujos de población migrante procedente de Venezuela.
En este contexto, Simona participa en una iniciativa que busca fortalecer el acceso a la salud materna reconociendo el valor de los conocimientos tradicionales y su complementariedad con los servicios sanitarios. Su labor no sustituye la atención médica, sino que actúa como un puente de confianza entre las mujeres de la comunidad y el sistema sanitario.
A través del proyecto “Respuesta humanitaria para población refugiada y migrante venezolana en Colombia y la República Bolivariana de Venezuela”, financiado por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID) e implementado por la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), se refuerzan las rutas de atención sanitaria para comunidades wayuu y población migrante en zonas de difícil acceso.
Como parte de este proceso, Simona participa en encuentros comunitarios donde combina la enseñanza del tejido tradicional con espacios de orientación sobre salud materna.
Mientras las mujeres aprenden puntadas y figuras ancestrales, ella comparte información sobre señales de alarma durante el embarazo, la importancia de los controles prenatales y la necesidad de acudir a los servicios de salud cuando sea necesario.
UNA RED QUE SALVA VIDAS
Desde hace tres años, Simona también forma parte de la Red Comunitaria de Salud Ayatajirawa'a, integrada por líderes y lideresas que contribuyen a la identificación temprana de riesgos y al acompañamiento de familias en comunidades alejadas.
También participa en espacios de formación como Tu Mmaleiwakira – Nacer nuevamente del vientre de la madre, un curso dirigido a mujeres gestantes y sus familias que aborda el embarazo, el parto y el posparto desde una perspectiva intercultural.
Los resultados muestran el alcance de este trabajo comunitario. Hasta mayo de 2026, el proyecto ha permitido que 1.164 personas accedan a más de 6.500 servicios de salud, entre ellas 152 mujeres gestantes vinculadas a la ruta materno-perinatal, además de cientos de niñas, niños, adolescentes y personas mayores en situación de vulnerabilidad.
TEJER FUTURO
Además de acompañar a otras mujeres, Simona dedica gran parte de su tiempo al cuidado de su hijo con discapacidad. Para ella, ambas tareas forman parte de una misma forma de entender la vida: cuidar de los demás.
Algunas jóvenes de la comunidad ya han comenzado a replicar los conocimientos que reciben en los encuentros. Una señal de que los saberes siguen circulando y encontrando nuevas generaciones dispuestas a preservarlos.
Sentada bajo la sombra de una enramada, mientras ordena los hilos sobre sus piernas, Simona explica por qué continúa trabajando a su edad.
“Mientras mis manos puedan tejer, puedo enseñar”.


